Información

¿Afectan las drogas hormonales si una persona siente atracción sexual por hombres o mujeres?

¿Afectan las drogas hormonales si una persona siente atracción sexual por hombres o mujeres?


We are searching data for your request:

Forums and discussions:
Manuals and reference books:
Data from registers:
Wait the end of the search in all databases.
Upon completion, a link will appear to access the found materials.

Sé que la ingestión de testosterona y otras drogas hormonales puede estimular la libido y aumentar el deseo sexual.

Pero me pregunto, si un hombre ingiere hormonas femeninas como el estrógeno, ¿experimentará deseo sexual hacia otros hombres o no?

De manera similar, al revés, ¿una mujer que ingiera hormonas sexuales masculinas experimentará deseo hacia otras mujeres?

La pregunta está motivada por el interés por saber si las personas transgénero, en particular las transexuales MtF que se dedican a la prostitución, experimentan una atracción genuina por los hombres.


No hay evidencia de que la exposición hormonal posnatal pueda cambiar la preferencia sexual de un individuo. Sin embargo, la estimulación hormonal atípica del feto puede inducir la homosexualidad.

La homosexualidad no se desarrolla sin una variedad de factores sociales que están actualizados en su mayoría sin explicación. Pero puede desarrollarse sin estimulación hormonal.

Como ejemplos de la vida real, existen antagonistas de andrógenos para el tratamiento del cáncer de próstata, que reducen el nivel de testosterona en los hombres. Con el tratamiento, los hombres a menudo se vuelven más suaves y emocionales, como lo describen sus esposas. Y hay cerveza que contiene estrógenos y puede inducir el crecimiento de los senos femeninos en los hombres. Pero ninguno de estos mecanismos ha sido observado para convertir a los hombres en homosexuales.


Lecturas adicionales (el segundo texto es texto completo gratuito):

[1] http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23397798

[2] http://endo.endojournals.org/content/152/8/2937.long


La gente sospecha que las hormonas tienen un efecto, pero también existen factores genéticos y biológicos. Las hormonas han causado que algunos animales, como las ranas, cambien de sexo. Además, ambos sexos tienen testosterona y estrógeno en sus cuerpos. Los hombres simplemente tienen más testosterona y las mujeres más estrógeno.


¿Pueden las hormonas ser responsables de que las personas se enamoren?

El amor es una cosa muy esplendorosa, en verdad. A menudo es tema de arte, literatura y música, pero no importa cuán complejo y sobrenatural parezca el sentimiento mágico de enamorarse, la ciencia puede explicar perfectamente las mariposas en el estómago y por qué las personas sienten que están destinadas el uno al otro. Incluso puede explicar en parte por qué te quedaste atrás o por qué alguien te engañó. Pero dicen que es abstracto, así que tratemos de traducirlo y compararlo en sus elementos cuantificables más cercanos, como la atracción, el deseo y el compromiso.

Nuestras hormonas se han asociado con el comportamiento, la depresión, el estrés, la ansiedad, la hombría, el olvido, la delicadeza, la vinculación social, la confiabilidad, la generosidad, la honestidad, la tolerancia al riesgo y ¿adivinen qué? También es muy responsable del romance y el comportamiento sexual. Volviendo a tiempos prehistóricos, los primeros Homo sapiens quizás nunca pensaron en eso llamado amor. Pero sintieron atracción o ganas de procrear, y se propagaron, y más tarde, se convirtieron en una especie mucho más evolucionada creando tecnologías y edificios gigantes en la actualidad. Si has estado pensando todo el tiempo que todas las historias de amor están controladas por el destino, la ciencia no estaría de acuerdo tanto como las hormonas cuentan una historia diferente. Entonces, ¿cuáles son las hormonas responsables de esos sentimientos románticos tan felices?


Deseo y lujuria: el papel del estrógeno y la testosterona

El deseo o la lujuria es la primera etapa del amor. Ambos sexos experimentan esta etapa. Las dos hormonas responsables del deseo son el estrógeno y la testosterona. La reacción inmediata del cuerpo humano a una pareja potencial es el impulso de procrear. La parte lógica de nuestro cerebro diría lo contrario. Pero quizás Sigmund Freud tenía razón en su teoría de que los impulsos sexuales en el inconsciente constituyen los principales impulsos humanos. El cuerpo no es consciente de todos estos procesos corporales y, sin embargo, durante miles de años, la gente hace locuras por alguien que acaba de conocer. ¿Porqué es eso?

Los cambios hormonales del ciclo mensual de una mujer pueden ser más significativos en el campo de la atracción y el apareamiento. Ciertas formas de estrógeno hacen que las mujeres sean más atractivas para los hombres, mientras que la testosterona también hace que los hombres sean más atractivos al ayudarlos a lograr una mayor masculinidad. Los estudios sugieren que las mujeres pueden vestirse de manera más provocativa, coquetear más y tener una mayor probabilidad de tener más inclinaciones sexuales durante aproximadamente seis días a la mitad del ciclo, antes y después de la ovulación. También se producen ligeros cambios en su olor, tono de piel y tono de voz comparables a cómo ciertas especies en el reino animal muestran sus colores extravagantes para atraer a sus parejas.

Tanto la testosterona como el estrógeno también alcanzan su punto máximo durante la fase folicular del ciclo de una mujer. El nivel de testosterona en el cuerpo de una mujer está directamente relacionado con la duración de la fase folicular. Sí, las mujeres también tienen testosterona, aunque en cantidades más pequeñas en comparación con los hombres. Y, como era de esperar, los hombres con niveles más altos de testosterona tienen mayores impulsos sexuales y son percibidos como atractivos. No todos los hombres nacen igualmente atractivos físicamente. Sin embargo, algunas mujeres tienden a gravitar hacia ciertos hombres a pesar de que no son extremadamente atractivos físicamente. Una explicación podría ser sus hormonas. Puede tener niveles más altos de testosterona que lo hacen parecer más masculino y que tiende a atraer a las mujeres, especialmente durante su período de ovulación. La testosterona y el estrógeno también regulan el sistema reproductivo, razón por la cual las píldoras anticonceptivas pueden afectar la libido.

Atracción

La atracción es la siguiente etapa del amor. Es más complicado que el simple deseo. Este es el período en el que una persona se vuelve hechizada por alguien y pasa la mayor parte de su tiempo pensando en la otra persona. Tres hormonas son responsables de convertir a las personas racionales en alguien. Estas poderosas hormonas son la dopamina, la adrenalina y la serotonina.

La dopamina es la hormona del bienestar. Se activa cuando sucede algo bueno o placentero. ¿Alguna vez has escuchado a la gente decir: "El amor es como una droga"? Bueno, literalmente puede actuar de esa manera. La razón por la que las personas son adictas a ciertas drogas se debe a la dopamina. Las drogas estimulan la producción de dopamina y hacen que los consumidores de drogas sientan un placer eufórico. Además de consumir drogas, ganar y otros eventos placenteros, se liberan altos niveles de dopamina cuando alguien está pensando en o cerca de su posible pareja o interés amoroso. La sensación de placer puede ser adictiva. ¿Quién no quiere sentir placer? El mero hecho de pensar en una pareja potencial puede provocar mariposas en el estómago. Pero, de nuevo, esas no son mariposas. Es dopamina.

La adrenalina, también conocida como epinefrina, es una hormona que hace que tu corazón se acelere, te hace sentir nervioso y sudoroso. Respiras más rápido como si estuvieras siendo perseguido por perros, pero en cambio, acabas de ver a la persona que te gusta. Esta hormona se produce en algunas partes del sistema nervioso y en las células cromafines. Cuando te atrae una persona, la respuesta inicial del cuerpo es el estrés, lo que te hace sudar, tener la boca seca y latidos cardíacos acelerados.

La tercera hormona responsable de la atracción es la serotonina. La serotonina es muy responsable de varios procesos y reacciones en el cuerpo. Esto incluye el estado de ánimo, el apetito y la percepción de situaciones. En el caso de la atracción, la serotonina vuelve a una persona obsesiva-compulsiva, por lo que una persona puede seguir durante varios días y meses pensando en la persona que le atrae. A veces, las personas se preguntan por qué están tan obsesionadas con alguien, incluso si parece ilógico. Las hormonas realmente no funcionan de una manera tan consciente. Por lo tanto, uno puede confiar en que mientras el cuerpo sea capaz de producir esta hormona, siempre existe la posibilidad de atracción.

Durante la fase de atracción, todas estas hormonas y sustancias químicas trabajan junto con varios otros neurotransmisores para generar sensaciones de excitación, placer, obsesión e incluso ansiedad. Es comprensible por qué las personas parecen no entender lo que sienten cuando están enamoradas porque son todos estos sentimientos contrastantes de estas tres hormonas diferentes que ocurren al mismo tiempo. Sin embargo, el placer de alguna manera se disipa en la tercera etapa, lo que hace que las personas vayan por caminos separados y vuelvan a hacer la misma rutina.

Adjunto

La tercera etapa del amor es el apego. Esta es la prueba de si esos sentimientos de amor harán que una relación entre dos personas dure. Después de toda la emoción, la obsesión y el placer, la adrenalina, la dopamina y la serotonina volverán a los niveles normales. En este punto, pueden liberarse otras dos hormonas, oxitocina y vasopresina. Estas hormonas determinan inicialmente si una pareja permanecerá junta.

La vasopresina, una hormona neurohipofisaria que se encuentra en la mayoría de los mamíferos, incluidos los humanos, es responsable de los sentimientos de unión. Esta hormona estimula una gratificante sensación de formar vínculos duraderos con una pareja. Los estudios sobre la vasopresina se han limitado principalmente a estudiar animales, específicamente el campañol de las praderas. El campañol de las praderas es un animal que forma vínculos de por vida y tiene relaciones sexuales más allá de las necesidades de la procreación. Los hombres que recibieron un fármaco supresor con sus niveles de vasopresina dejaron de mostrar devociones y ya no se preocuparon por protegerlos contra nuevas parejas potenciales.

La oxitocina se conoce como la hormona del amor. Esta hormona se produce en el hipotálamo y la glándula pituitaria la libera a la sangre. Aumenta la vinculación social, fortalece el recuerdo de cosas e interacciones positivas, mejora el desarrollo de relaciones positivas. Esta hormona está presente durante el parto y la lactancia. Los altos niveles de oxitocina se han asociado con una mayor generosidad y confianza. Además del parto y la lactancia, la oxitocina también se libera cuando las personas se abrazan, besan o durante un orgasmo. Promueve la vinculación a largo plazo y evita que los hombres en relaciones monógamas estén físicamente cerca de otras mujeres.

En teoría, las ciencias sociales, la psicología evolutiva y la neurociencia reconocen que la vasopresina y la oxitocina son hormonas que aseguran la unión y la longevidad de una pareja para formar una familia. La intimidad física y la actividad sexual regular mantienen estas hormonas en sus niveles ideales.

Producción hormonal subconsciente frente a elecciones conscientes

Aunque las hormonas se producen de forma subconsciente, la conciencia de cómo podemos regular estas hormonas depende totalmente de nosotros. El estar dedicado a una pareja después de la etapa de atracción puede ser causado por las hormonas que eventualmente causan los niveles ideales de vasopresina y oxitocina en el cuerpo. También puede ser el mero instinto o la decisión de detenerse.

Podemos culpar a las hormonas de por qué ciertas cosas se sintieron tan mágicas y terminaron tan dramáticamente trágicas. Pero ahora que sabe cómo afectan las hormonas al amor, puede poner este conocimiento a su favor y decidir conscientemente a partir de ahí. ∎


La conexión entre el aroma y la atracción sexual

En el reino animal, las feromonas son señales de olor que provocan comportamientos o respuestas específicas, incluida la excitación sexual. Pero no te entusiasmes demasiado, Brian Fantana, esto no significa que funcionará para los humanos. Según la estricta definición biológica de feromonas, no existe una buena evidencia de que las personas las tengan; el olor es un indicador sexual más sutil para nosotros. "Si nos salimos de esa definición biológica muy específica, entonces creo que la comunicación de olores y aromas juega un papel importante en la sexualidad humana", dice Kelly Gildersleeve, investigadora postdoctoral en la Universidad de Chapman. Es posible que nuestros olores corporales no provoquen a las parejas potenciales en un frenesí sexual, pero algunos estudios muestran que los olores pueden colorear las percepciones hasta cierto punto, posiblemente siendo una pequeña parte de lo que hace que una persona encuentre atractiva a otra. Esto es lo que dice la ciencia.

El aroma de la compatibilidad
En experimentos en los que a las mujeres se les han presentado olores corporales naturales de los hombres, hay ciertos rasgos que tienden a calificar como que huelen mejor. La atracción olfativa potencial que ha recibido la mayor atención es que las mujeres parecen favorecer los olores de los hombres que tienen genes inmunes que difieren de los suyos. La teoría es que las mujeres podrían estar olfateando el complejo principal de histocompatibilidad (MHC) de los hombres, un grupo de genes que afectan el sistema inmunológico. Siguiendo la teoría de la evolución, esto tiene sentido. Las mujeres querrían aparearse con hombres que tienen genes diferentes porque es más probable que eso dé como resultado una descendencia que pueda resistir amenazas más diversas. Se han realizado muchos estudios sobre MHC y preferencia de aromas, pero Gildersleeve dice que la evidencia sobre si afecta la elección de pareja aún es mixta.

RELACIONADO: 9 rasgos que atraen a las mujeres

Otros rasgos que pueden comunicarse a través del olfato incluyen la simetría corporal y facial, los niveles de testosterona y el dominio del comportamiento (evaluado a través de una medida de narcisismo). Dentro de un metanálisis de cómo las preferencias de pareja de las mujeres cambiaron durante su ciclo ovulatorio, Gildersleeve descubrió que las mujeres en el punto de alta fertilidad de su ciclo preferían los aromas asociados con la simetría facial y corporal en comparación con las mujeres con baja fertilidad, pero no fue estadísticamente significativo. diferencia.

Las asociaciones con la testosterona también son inestables, pero algunas investigaciones han indicado una relación. Un estudio de 2013 publicado en Evolución y comportamiento humano encontró que las mujeres en la parte fértil de su ciclo favorecen el aroma de los hombres con altos niveles de testosterona. Hay un estudio que sugiere que las mujeres en la fase fértil de su ciclo prefieren el aroma de los hombres que obtienen una puntuación alta en un cuestionario de dominancia, específicamente en lo que se refiere al narcisismo.

También hay muchas investigaciones que analizan si los hombres pueden oler la fertilidad de las mujeres y cómo eso puede generar una respuesta en los niveles hormonales. Un estudio de Fronteras en endocrinología 115 hombres olieron el olor corporal y el olor genital de 45 mujeres, y descubrió que los niveles de testosterona y cortisol de los hombres aumentaban en respuesta a ambos olores si provenían de mujeres fértiles, y la respuesta duraba más después de oler el olor genital. Los niveles de testosterona y cortisol bajaban si los hombres olían el olor corporal de una mujer que no estaba ovulando, y el cortisol aumentaba si era el olor genital de una mujer que no estaba ovulando. Sin embargo, en general, los efectos del olor femenino en los hombres también son inciertos.

Cómo el atractivo se convierte en un aroma
Realmente no sabemos por qué los rasgos pueden oler de manera diferente, pero es posible que todo se relacione con las hormonas. Por ejemplo, nuestras axilas tienen órganos productores de olores que son densos en receptores de hormonas. Estos secretan todo tipo de sustancias químicas encantadoras, incluidos alcoholes, ésteres y grasas. Es posible, dice Gildersleeve, que diferentes mezclas de hormonas hagan que estos órganos secreten diferentes mezclas de sustancias químicas. La microflora (bacteria) de nuestra piel y de nuestros folículos pilosos se alimenta de esos productos químicos y desprende olores. Por lo tanto, un cambio en los productos químicos podría provocar un cambio en los olores que emite la microflora.

Si los niveles de testosterona son detectables a través del olor, esta podría ser la razón, y los niveles más altos de testosterona se han asociado con comportamientos dominantes, como la búsqueda de estatus y posiblemente la agresión, y también podrían estar relacionados con la simetría facial y corporal, pero el apoyo para eso es más débil.

Los efectos del control de la natalidad
Gran parte de la investigación realizada sobre el sexo y el olor analiza cómo las reacciones de las mujeres a los olores difieren a lo largo de sus ciclos ovulatorios. Cuando las mujeres usan ciertos tipos de anticonceptivos, como la píldora, su ciclo de ovulación y las hormonas relacionadas cambian. Como resultado, los aromas que prefieren también pueden cambiar. Investigación publicada en Hormonas y comportamiento evaluó la capacidad de 33 mujeres para identificar diversos olores, incluidos los llamados olores sociales, aromas asociados con sustancias químicas que se encuentran en mayores cantidades en los hombres que en las mujeres y están presentes en el sudor y la orina. Este estudio encontró que las mujeres que no tomaban la píldora y estaban en la fase fértil de su ciclo eran más sensibles a los olores sociales que las mujeres que tomaban la píldora. Aunque este es un estudio pequeño, se suma a la investigación que sugiere que la píldora tiene algún efecto en el sentido del olfato de las mujeres en lo que respecta al olor corporal. Es importante tener en cuenta que los anticonceptivos hormonales varían ampliamente y cada formulación puede tener sus propios efectos.

RELACIONADO: Todo lo que necesita saber sobre fetiches sexuales

Este impacto potencial refleja los hallazgos de algunos de los estudios de MHC. En ciertas investigaciones, como este estudio de 2008, frecuentemente citado, las mujeres que usaban anticonceptivos hormonales ya no preferían a los hombres que tenían MHC diferentes a ellas. Entonces, ¿debería una mujer dejar de usar anticonceptivos para comprobar que es la adecuada para su pareja? "Creo que ese tipo de interpretación sensacionalista no está justificada", dice Katy Renfro, candidata a doctorado en la Universidad de Emory en el Programa de Neurociencia y Comportamiento Animal y autora principal del Hormonas y comportamiento estudio. "Si amas a tu pareja y conociste a tu pareja mientras tomabas la píldora, pero luego dejas la píldora, no vas a despreciar a esa persona". Hay muchas razones por las que una mujer podría querer dejar de tomar la píldora o probar un tipo diferente de anticonceptivo, incluido un cambio en el deseo sexual, pero las preocupaciones sobre el atractivo del olor de su pareja no son buenas.

Cómo oler más sexy
No compre en las afirmaciones de los perfumes que dicen que contienen feromonas humanas. La ciencia aún no ha confirmado (o negado) la presencia de feromonas en las personas, por lo que sería muy difícil reprimirlas. En este punto, ni siquiera podemos especificar qué hace que alguien huela atractivo para otra persona. "No sé exactamente a qué huele un 'buen' olor", dice Gildersleeve, "pero lo único que sí sé es que los olores menos intensos tienden a calificarse como que huelen mejor". Sin embargo, no vayas tan lejos como para enmascarar tu aroma natural por completo. En sus estudios de laboratorio, Gildersleeve dice que las personas a menudo reaccionan positivamente a un poco de olor corporal y ella personalmente cree que las personas a menudo sienten cierto afecto por la forma en que su pareja huele naturalmente.

Para acceder a videos de equipos exclusivos, entrevistas con celebridades y más, suscríbete a YouTube.


Consigamos químicos

Lujuria es impulsado por el deseo de gratificación sexual. La base evolutiva de esto proviene de nuestra necesidad de reproducirnos, una necesidad compartida entre todos los seres vivos. A través de la reproducción, los organismos transmiten sus genes y contribuyen así a la perpetuación de su especie.

El hipotálamo del cerebro juega un papel importante en esto, estimulando la producción de hormonas sexuales. testosterona y estrógeno de los testículos y los ovarios (Figura 1). Si bien estos productos químicos son a menudo estereotipados como “masculinos” y “femeninos”, respectivamente, ambos juegan un papel en hombres y mujeres. Resulta que la testosterona aumenta la libido en casi todo el mundo. Los efectos son menos pronunciados con el estrógeno, pero algunas mujeres informan estar más motivadas sexualmente cuando ovulan, cuando los niveles de estrógeno son más altos.

Figura 1: R: Los testículos y los ovarios secretan las hormonas sexuales testosterona y estrógeno, que impulsan el deseo sexual. B y C: la dopamina, la oxitocina y la vasopresina se producen en el hipotálamo, una región del cerebro que controla muchas funciones vitales y las emociones. D: Varias de las regiones del cerebro que afectan al amor. La lujuria y la atracción apagan la corteza prefrontal del cerebro, que incluye el comportamiento racional.


¿Afectan las drogas hormonales si una persona siente atracción sexual por hombres o mujeres? - biología

La motivación sexual humana es una motivación inusual. En los animales inferiores hablamos de la motivación sexual como un "impulso". Es decir, afirmamos que alguna fuerza interna e innata empuja al animal a participar en un comportamiento reproductivo. Los seres humanos no ceden simplemente a un impulso interno hacia el comportamiento sexual. En cambio, la motivación humana para participar en el comportamiento sexual se debe a una relación compleja entre varios factores.

La mayoría de los teóricos se refieren a la motivación como una necesidad, deseo o impulso inferido que inicia, dirige y sostiene la conducta (por ejemplo, Coon, 1997 Wood & Wood, 1996). Un grupo de psicólogos considera que la motivación es un factor que explica las relaciones entre los estímulos y la conducta (Bernstein, Clarke-Stewart, Roy y Wickens, 1997). Combinando estas dos definiciones y aplicándolas al comportamiento sexual humano, podríamos decir que la motivación sexual es un estado interno inferido influenciado por varios factores que determinan la participación en la actividad sexual.

Recopilación de datos sobre la sexualidad humana

Problemas con los datos: antes de discutir los elementos del comportamiento sexual, es importante comprender los métodos de recopilación de datos que están involucrados en los estudios sobre el comportamiento sexual humano. Debido a la naturaleza privada del tema, la mayoría de las investigaciones se realizan mediante encuestas, autoinformes y voluntarios. Los autoinformes y las encuestas pueden estar plagados de errores. Por ejemplo, los individuos cometen errores intencionalmente, para dar respuestas socialmente aceptables, o accidentalmente, olvidándolos, o incluso involuntariamente porque lo que creen que motiva su comportamiento no lo hace (ver, por ejemplo, Walster, Aronson, Abrahams y Rottman, 1966). ). Por último, los voluntarios en los estudios sexuales no suelen ser sujetos de los que se pueda generalizar. Tomemos, por ejemplo, la pregunta "¿con qué frecuencia te masturbas?" Los voluntarios que están dispuestos a responder preguntas como esta probablemente sean más extrovertidos que la población en general. Otro dato importante a tener en cuenta es que la mayoría de los estudios sobre el comportamiento sexual son correlacionales. Los estudios que muestran comportamientos producidos diferencialmente por hombres y mujeres, heterosexuales versus homosexuales, o miembros de diferentes naciones, son solo descriptivos ya que no pueden controlar todas las variables potenciales. En otras palabras, es raro que podamos asumir la causalidad de cualquiera de las variables examinadas en los estudios del comportamiento sexual humano.

Dos estudios emblemáticos: teniendo en cuenta la información anterior, es importante presentar dos fuentes tempranas de datos sobre actitudes y comportamientos sexuales. Una fuente primaria de datos autoinformados que ha influido enormemente en el campo de la conducta sexual humana proviene de los estudios de Kinsey (Kinsey, Pomeroy y Martin, 1948 Kinsey, Pomeroy, Martin y Gebhard, 1953). Estos informes fueron muy influyentes debido a la naturaleza de las preguntas formuladas y al gran número (varios miles) de sujetos que fueron encuestados. Los estudios de Kinsey buscaban identificar, entre otros hechos, qué comportamientos sexuales practicaban las personas, qué edad tenían cuando empezaron a practicarlos y con qué frecuencia los practicaban actualmente. También indicaron que las mujeres y los hombres no eran muy diferentes entre sí en términos de fisiología sexual. Esta información causó furor en la década conservadora de los cincuenta (Wade & Tavris, 1996). Sin embargo, los estudios de Kinsey también afirmaron que las diferencias sexuales se debían a la menor capacidad sexual de las mujeres. Aquí radica el error en los estudios descriptivos que se utilizan para implicar causalidad. Kinsey y sus colaboradores ignoraron por completo los efectos de la cultura y el aprendizaje en el comportamiento de sus sujetos.

Otro estudio histórico, debido a la metodología utilizada, involucró la medición fisiológica real de las respuestas sexuales en voluntarios masculinos y femeninos (Masters & Johnson, 1966). Este estudio disipó el mito de que la respuesta sexual de las mujeres a las relaciones sexuales era muy diferente a la de los hombres y, de hecho, mostró que ambos sexos tenían respuestas fisiológicas muy similares. Sus resultados indicarían que las respuestas subjetivas diferenciales a las relaciones sexuales entre los sexos estaban más probablemente asociadas con la cultura y el aprendizaje.

Los datos recopilados en estos estudios ahora están bastante desactualizados. Además, los críticos de los estudios afirman que la información no es generalizable ya que los participantes eran principalmente voluntarios blancos de clase media (Bernstein, et al., 1997 Wood & Wood, 1996). Teniendo en cuenta esta información, se llevaron a cabo dos estudios recientes, uno en los Estados Unidos y otro en Gran Bretaña, que recopilaron datos de no voluntarios mediante entrevistas exhaustivas (Laumann, Gagnon, Michael y Michaels, 1994 Wellings, Field, Johnson y Wadsworth, 1994). Estos estudios fueron diseñados para incluir una muestra representativa y también permitir a los participantes dar respuestas anónimas y en profundidad (debido a la naturaleza sensible de algunas de las preguntas) (Laumann, et al., 1994 Wellings, et al., 1994) . Laumann y sus asociados encontraron un patrón de comportamiento sexual más conservador que los estudios de Kinsey, lo que indica que los voluntarios no son, de hecho, representativos de la población general (Bernstein, et al., 1997).

En resumen, el método de recopilación de datos, existen dificultades asociadas con la recopilación de datos de voluntarios y la generalización es limitada. Los estudios superiores deben intentar elegir muestras más amplias y brindar a los participantes la oportunidad de producir respuestas honestas y confidenciales. Además, quienes analizan los estudios de la motivación sexual humana deben tener cuidado de no sacar conclusiones causales donde no se justifique ninguna.

Factores de la motivación sexual humana

Es común intentar organizar varios temas psicológicos colocando los factores involucrados en categorías ambientales y fisiológicas. Por ejemplo, colocaría las hormonas, un componente conocido de la motivación sexual, en la categoría fisiológica. Pero, ¿dónde colocaría algo como el deseo de placer físico, un elemento frecuentemente citado en la motivación sexual (Abramson y Pinkerton, 1995 Cofer, 1972 Hatfield y Rapson, 1993)? El placer físico tiene un componente fisiológico (las sensaciones físicas asociadas con el tacto) y un componente psicológico subjetivo. ¿Dónde encaja algo subjetivo como el placer en nuestra descomposición en componentes fisiológicos y ambientales? El placer es una emoción (Cofer, 1972), que, según la teoría de Schacter-Singer, es un sentimiento subjetivo basado en la excitación fisiológica y las interpretaciones de los estímulos que se vinculan a la excitación (Cornelius, 1996). Por tanto, las emociones tienen una base tanto fisiológica como cognitiva. Esto indica que existe otra categoría en la que podríamos ubicar los motivadores sexuales, pero afirmar esto sería pasar por alto el tema más amplio. El problema más importante es que el placer está influenciado tanto por nuestras cogniciones como por nuestro funcionamiento fisiológico. Como factor involucrado en la motivación sexual, no es raro que esté asociado con la motivación y simultáneamente con otras variables que se identifican como relacionadas con la motivación sexual y que pueden o no pertenecer a la misma categoría. Por lo tanto, identificar categorías y luego colocar los elementos de la motivación sexual en categorías discretas es una tarea difícil, si no imposible. En lugar de intentar hacerlo, el autor actual identificará las variables que se han relacionado con la motivación sexual e identificará, cuando sea posible, las variables mediadoras.

Correlatos fisiológicos: un análisis de la motivación sexual humana no podría realizarse sin primero discutir los factores fisiológicos, en particular, las hormonas. La influencia de las hormonas en el comportamiento sexual está bien respaldada por investigaciones. Tanto los hombres como las mujeres producen estrógenos, progestágenos y andrógenos, aunque las mujeres producen muchos más estrógenos y progestágenos y los hombres más andrógenos (Hokanson, 1969 Leger, 1992). En especies inferiores, los niveles hormonales se correlacionan casi directamente con el comportamiento sexual, sin embargo, a medida que uno asciende en la escala filogenética, otros elementos se involucran (Fisher, 1993 Hokanson, 1969). En los humanos, las hormonas también están relacionadas con el deseo sexual, pero no son toda la historia.

En los hombres, es necesario un nivel mínimo de testosterona para mantener la motivación sexual normal en los hombres (Leger, 1992). Si los niveles de testosterona de los hombres caen por debajo del umbral, la motivación sexual se reduce considerablemente. Sin embargo, una vez que se alcanza el nivel de umbral, ya no predice el comportamiento sexual. Los estudios de mujeres también muestran correlaciones entre las hormonas y el deseo sexual (Leger, 1992 Sherwin y Gelfan, 1987 Sherwin, Gelfan y Brender, 1985), sin embargo, los resultados son inconsistentes (Leger, 1992). Dado que ni los aumentos ni las disminuciones de hormonas en hombres o mujeres están perfectamente correlacionados con el deseo sexual, es lógico que haya otros factores involucrados. Como concluye Hokanson (1969), las hormonas sirven para el propósito principal de preparar al individuo para la acción, pero otros factores determinan si el individuo realmente se involucra en la actividad sexual.

Otro factor fisiológico en la motivación sexual bien puede ser el olor y el sentido del olfato. De todos los elementos investigados, el olfato y el sentido del olfato han recibido la menor atención, probablemente porque, como afirman Kohl y Francoeur (1995), su influencia en la conducta sexual es difícil de determinar. Sin embargo, el olor corporal (es decir, las hormonas en el aire) definitivamente influye en nuestro comportamiento. En su revisión de numerosos estudios, como la sincronización de los ciclos menstruales de las mujeres que viven juntas, y la influencia de las máscaras con aroma a hormonas en las calificaciones de los demás, Kohl y Francoeur (1995) afirman que el olor también debe estar involucrado en nuestros comportamientos sexuales. . Helen Fisher (1993) también está de acuerdo en que los olores pueden influir en el comportamiento sexual y cita que algunos hombres en Grecia confían en los pañuelos perfumados con olor corporal que utilizan para atraer a las mujeres a las relaciones.

Orientación sexual: nuestro deseo de tener un comportamiento sexual con alguien también está influenciado por la orientación sexual. La orientación sexual se refiere a la dirección de la atracción sexual de un individuo (Wood, et al., 1996). La mayoría de los individuos son heterosexuales (Laumann, 1994 Wellings, et al., 1994) lo que significa que se sienten atraídos principalmente por el sexo opuesto. Los homosexuales son personas que se sienten atraídas por el mismo sexo y los bisexuales se sienten atraídos por ambos sexos.

¿Por qué las personas se sienten atraídas por un sexo más que por otro? LeVay (1995) cree que la mayoría de los investigadores del tema están de acuerdo en que es una combinación de múltiples factores, incluida la composición genética, las hormonas y las experiencias sociales. Además, cree que los estudios más recientes (por ejemplo, Bailey y Pillard, 1991 Bailey, Pillard, Neale y Agyei, 1993) indican que los genes son quizás más influyentes que los otros factores. Los estudios indican que el porcentaje de individuos que se llaman a sí mismos homosexuales es bastante pequeño, oscilando entre el 0,5% y el 2,8% (Laumann, 1994 Wellings, et al., 1994). Esta estimación es significativamente más baja que las tasas dadas en los problemáticos Informes Kinsey (1948 1953).

En su revisión de varios estudios sobre la prevalencia de la homosexualidad, LeVay (1995) afirma que es mejor mantener la mente abierta hacia la revisión de nuevas pruebas, ya que el cambio de actitudes y creencias parece estar relacionado con la homosexualidad autodeclarada. A lo que se refería era a la indicación de que es más probable que los individuos expresen su comportamiento gay dentro de su propia cultura a medida que esa cultura acepta más la homosexualidad. Por lo tanto, es evidente que la cultura influye en la expresión de la orientación sexual de uno, que a su vez influye en la motivación sexual.

Placer: como se mencionó anteriormente, la búsqueda del placer erótico es una razón principal para participar en el comportamiento sexual (Abramson et al., 1995 Hatfield et al., 1993). Kinsey y sus colegas (1948 1953) encontraron que los niños entre las edades de 2 y 5 años se tocan espontáneamente los genitales. At this age, one could not argue that this sexual behavior is learned or designed to contribute to reproduction. Abramson and Pinkerton (1995) point out that the pleasure of sexual behavior is physiologically and psychologically-based and that the sex organs do not exist merely to guarantee reproductive behavior. As an example, they cite the female orgasm, uncommon during vaginal penetration, but very common by more direct means of clitoral stimulation. In other words, sexual pleasure does not occur merely to ensure procreation. We engage in sexual behavior because it is enjoyable. However, as will be reviewed later, what is considered pleasurable, may well be influenced by one's interpretation of the stimuli.

Cognitions - How a stimulus is interpreted influences how individuals respond to that stimulus. Zellman and Goodchild (1983) surveyed 400 teenagers and found that the behaviors girls felt conveyed romantic interest were the same actions boys considered invitations to sex. Since societies create very different gender roles for men and women, differences in interpretation of the same data are bound to occur (Wade, et al., 1996). Wade's comments indicate that culture influences sexual behaviors, not only through performance of behaviors that are considered appropriate, but also through interpretation of those behaviors.

Cognitions and arousal - Based upon the results of surveys such as the Kinsey studies (1948 1953), men have been considered to be more sexually responsive than women. Early studies comparing men and women's subjective responses to erotic films supported that theory. However, when studies were conducted comparing male and female physiological responses to male-produced, male-intended erotic films, researchers found that men and women actually experienced the same physiological arousal (Laan, Everaerd, Van Bellen, & Hanewald 1994). When participants were asked to express their feelings about the stimuli, men reported sexual arousal and positive affect, yet women reported disgust and lack of arousal. In other words, both men and women experienced the same physiological arousal but different subjective arousal. When women viewed an erotic film produced by women for women, the female participants showed the same physiologic arousal as they did to male-produced films, but reported significantly greater sexual arousal, interest and positive affect. As interpreted by the researchers, the difference was due to how women interpreted the content of the films. Essentially, this study indicated that interpretation of the stimuli is of great importance in subjective feelings of sexual arousal. Cognitions affect sexual arousal in another fashion. According to Kalat (1996), inhibition of arousal can occur in individuals who believe that sex is shameful. These individuals experience sexual arousal, but have difficulties achieving sexual orgasm because of their thoughts.

Palace and Gorzalka (1992) studied sexually functional and dysfunctional women and found that cognitions and physiological arousal were simultaneously important in sexual arousal. They hypothesized that cognitions and physiological arousal comprise a feedback loop to determine overall sexual arousal. These many studies indicate that the thoughts individuals have regarding various stimuli impact individuals sexual motivation through influencing their arousal or their interpretations of behavior.

Attraction - Numerous elements have been identified as playing a role in attraction. For example, attraction is a function of proximity (how frequently you cross paths with someone), familiarity and similarity (e.g. in looks, or attitudes) (Kalat, 1996). This has been supported both with studies of attraction to friends and to romantic partners.

Playing hard-to-get also contributes to human's attraction to one another (Hatfield, Walster, Piliavin & Schmidt, 1988). Apparently individuals make attributions about potential significant others based upon how quickly that person returns a show of interest. Those who are easily attained are less attractive than those who are more difficult too attain due to the traits the relationship-seeker attributes to her. For example, relationship seekers fear that easy-to-get women might display inappropriate behaviors in public. However, a hard-to-get woman who indicates interest in the relationship-seeker has positive traits attributed to her such as warmth and friendliness.

Another overwhelmingly important element in attraction is physical attractiveness. As stated previously, research between attitudes and behaviors are not always consistent. Research on what individuals find attractive in potential dates provides further evidence for this inconsistency in human sexual behavior. Although subjects stated that physical attractiveness was one of the least important elements in their attraction to someone else, in actual experiments using blind dates, the only factor which predicted whether subjects desired a second date with the same person was the attractiveness of the blind date (Walster, Aronson, Abrahams, & Rottman, 1966). This was true for both male and female participants of the study. In a study on physical attractiveness and relationship length, the factor which best predicted whether couples would remain together nine months after they began dating was the similarity in their physical attractiveness (White, 1980). This "matching" phenomenon in which people tend to select mates that match them in terms of physical attractiveness, has been replicated and expanded upon with consistent results (Feingold, 1988). It might seem that we learn to appreciate beauty from the culture that we are born into, yet studies of pre-school children indicate that they too, prefer attractive classmates and also make attributions based on classmates' physical characteristics (Dion & Berscheid, 1971).

Attraction to others is yet another element of sexual motivation that has its roots in both nature and nurture -- it is obviously innate to seek out attractive others, yet we still lean towards mates who are more similar to us, an apparent influence of culture and learning in addition to an inherited predisposition.

Learning - Learning is, of course, highly influential in sexual motivation. We copy the behaviors of those we respect and admire. We learn to repeat behaviors that are rewarded (and sexual behavior is rewarding for most) and we learn to discontinue behaviors that have negative outcomes.

Conditioning is believed to influence sexual motivation. Certain stimuli may increase sexual arousal. For example, one might become sexually aroused by candlelight due to the learned association with sexual pre-encounters such as a romantic, candlelight dinner. It has also been proposed that conditioning accounts for sexually dysfunctional behaviors and sexual deviance (O'Donohue & Plaud, 1994). For example, a pedophile (person sexually aroused by children) might have been accidentally sexually aroused in the presence of a child. Principles of conditioning indicate he would seek this same combination of factors in the future in order to achieve the same pleasurable circumstances again. In her study of sexual motivators, Barbara Leigh (1989) states that fear of rejection, a learned component, is indeed the reason most often given by single men for not engaging in sex.

Matching theory (Carli, Ganley, & Pierce-Otay, 1991), which states that individuals within couples are frequently very similar in attractiveness ratings, is easily understood using the principles of conditioning. For example, an average-looking man who is rebuffed whenever he approaches beautiful females should reduce his attempts to interact with beautiful women. Similarly, he should rebuff less-attractive women if he could interact with more attractive women. Who he ultimately couples with should be very similar in looks due to the conditioning of each person's partner-choosing behaviors.

Conditioning as a theory to explain sexual deviance and dysfunction is not without its critics. O'Donohue and Plaud (1994) examined several studies which used behavioral and aversion therapy to change sexual behaviors. Due to methodological problems in the studies they examined, they believe that conditioning plays a much smaller role in sexual motivation than previously believed. Thus conditioning may play some role in the sexual motivation, but how much of a role it plays is not clear.

Culture - As mentioned throughout this essay, culture determines what behaviors are gender appropriate, what behaviors may or may not be performed in public, and what behaviors are considered sexually arousing. Yet culture and learning are inextricably tied together. An individual could not acquire his or her culture's norms without learning taking place. Conversely, there is very little one could learn which is not influenced by culture. For example, when we model the behaviors of individuals from our own society, we are copying behaviors that are more than likely already societally-influenced. If we view behaviors performed by individuals from another culture, we do so through lenses already colored by our society's influence. Hence any learning we might acquire from a culturally-different person is mediated by our own culture first.

Attitudes and Culture - Attitudes are defined as relatively stable evaluations of a person, object, situation or issue (Wood et al., 1996). Studies have shown that behaviors normally considered proper in one culture, may be improper or unarousing in another. In other words, attitudes towards sexual behaviors are culturally learned. For example, some cultures find kissing repulsive (Tiefer, 1995) while other cultures insist on same-gender sex as a rite of passage into adulthood (Herdt, 1984).

It is still noted, even in newer surveys in the United States (e.g., Laumann et al., 1994), that men and women have different attitudes toward sexual behaviors. For example, men are more interested in a variety of sexual behaviors, such as group sex, than are women. These divergences are undoubtedly, as mentioned earlier, a function of the gender roles each society impresses upon its members. A comparison of Swedish and American college students sought to examine if indeed the difference in men's and women's attitudes could be definitively tied to culture, rather than inherent gender differences (Weinberg, Lottes, Shaver, 1995). Specifically, it was believed that men and women in Sweden would have more convergent and relaxed attitudes toward sexual behaviors than the American participants. Sweden is generally known to have more relaxed sexual standards. It is believed that this is due, in part, to several years of mandatory sex education and the relatively equal power that women have in society. The study indeed showed that Swedish men and women had very similar attitudes towards sexual behaviors. Americans, as expected, had very different attitudes about what constituted appropriate sexual behaviors. While the current author cautioned earlier against drawing causal conclusions from a descriptive study such as this, the information further indicates that culture is associated with differences in sexual attitudes.

The influence of learning on sexual motivation is quite profound. Attraction, cognitions, and sexual orientation, variables mentioned previously, are also influenced by learning. Thus a key component which determines the level of our sexual motivation is learning.

Conclusión

In conclusion, sexual motivation is influenced by complex relationships among numerous factors including hormones, cognitions, learning and culture. Because these variables are also associated with one another, in addition to sexual motivation, it is difficult to place them in discrete categories. Finally, the inability to clearly isolate the many variables involved in human sexual motivation ensures that this topic will continue to fascinate researchers for a very long time.


How does diabetes affect your sex life?

Having diabetes affects much more than a person’s diet. It can impact every aspect of their life, including their sexual health.

When a person has diabetes, their body cannot use insulin properly, and this can lead to high blood sugar levels. Over time, these can lead to complications such as nerve damage and cardiovascular problems. Both have implications for sexual health.

Diabetes can also have an impact on a person’s mental health and self-esteem, and this, too, can affect sexual health.

Share on Pinterest Diabetes may impact a woman’s sexual health by damaging the nerves that can sense sexual stimulation.

High blood sugar levels can cause nerve damage throughout the body.

  • the ability to experience sexual stimulation and arousal
  • the release of vaginal lubricant

These changes may result in painful sex and a reduced ability to experience an orgasm.

During menopause, a woman with diabetes may experience sudden drops in her blood sugar levels.

This may affect her sexual health because she might experience symptoms of low blood sugar during sex. This may make sex seem more of an inconvenience than a pleasure.

She may also have to check her blood sugar before having sex.

In addition, women with diabetes are more likely to experience infections, such as thrush, cystitis, and urinary tract infections. These can all impact the ability to have or enjoy sexual intercourse.

Click here to learn more about the impact of diabetes on women.

Studies show that men with diabetes often have reduced testosterone levels, which can affect their sex drive.

However, the main sexual health problem affecting men with diabetes is an inability to achieve or maintain an erection, known as erectile dysfunction (ED).

For a man to achieve an erection, there must be significant blood flow to the penis. However, diabetes damages the blood vessels, which can affect blood flow to the penis.

Diabetes can also lead to nerve damage and make it more difficult for him to maintain an erection.

Type 2 diabetes often occurs alongside obesity or excess weight. This, too, can increase the risk of ED, as can previous prostate or bladder surgery.

According to the American Diabetes Association, 10–20 percent of cases of ED are due to stress, depression, low self-esteem, fear of sexual failure, and other mental health concerns. These can all affect a person with a long-term condition, such as diabetes.

Click here to learn more about the specific ways in which diabetes affects men.


Love, Explained: The Science of Romance

Love might be in the air on Valentine's Day, metaphorically speaking. But scientists have long debated whether love&mdashor, at least, sexual attraction&mdashis literally in the air, in the form of chemicals called pheromones.

Creatures from mice to moths send out these chemical signals to entice mates. And if advertisements about pheromone-laden fragrances are to be believed, one might conclude that humans also exchange molecular come-hithers.

Still, after decades of research, the story in humans is not quite so clear. Rather than positing that single, pheromone-esque compounds strike us like Cupid's arrow, investigators now suggest that a suite of chemicals emitted from our bodies subliminally sways potential partnerings. Smell, it seems, plays an underappreciated role in romance and other human affairs.

"We've just started to understand that there is communication below the level of consciousness," says Bettina Pause, a psychologist at Heinrich Heine University of Düsseldorf (H.H.U.), who has been studying pheromones and human social olfaction for 15 years. "My guess is that a lot of our communication is influenced by chemosignals."

Parsing pheromones
Animals, plants and even bacteria produce pheromones. These precise cocktails of compounds trigger various reactions in fellow members of a species&mdashnot all of which are sexual. Pheromonal messages can range from the competitive, such as the "stink fights" of male lemurs, to the collaborative, such as ants laying down chemical trails to food sources.

The term "pheromone" itself came about in 1959 with the identification of bombykol, a powerful aphrodisiac secreted by female silk moths that can work over kilometers of distance. "The males are enormously sensitive to it," says Tristram Wyatt, a zoologist at the University of Oxford. "Just a very few molecules are enough to get the male to fly to the female."

Nothing quite so obvious is happening with people. But the scientific search for human pheromones is still in the early stages. The first steps have focused on areas of the body that already omit noticeable odors&mdashin particular our gland-filled armpits. "Early on it was discovered that there's some action there," says Charles Wysocki, an olfactory neuroscientist at the Monell Chemical Senses Center.

Some of the first evidence for subtle smell cueing came from reports that women who lived in close quarters, such as those in college dorms, ended up with synchronized menstrual cycles. Subsequent research has shown that armpit sweat&mdashfrom females or males&mdashwhen placed on women's upper lip, can modify cycle time. But a putative pheromone behind this time-of-the-month alignment has not been isolated, Wysocki says, and subsequent work has poked statistical holes in the initial findings.

In nature, pheromones that induce gradual physiological changes of this kind are dubbed "primers." Those that cause a behavioral response&mdashsuch as with the smitten male silk moths&mdashare called "releasers." In humans, the most salient example for a releaser pheromone does not involve sex but rather its product: newborn babies, who seem to be guided to a mother's breast by scent. "Newborns will move in the direction of the odor source," Wysocki says. Research published last year pointed to secretions from the areolar gland "bumps" on mother's nipples as the source of the behavior-modifying, odorous molecules that cue a baby to find its food source.

Other results over the years have hinted at pheromones altering adults' moods. Odors given off by the breasts of breast-feeding women, for example, can render childless females downright randy&mdashalthough a particular chemical messenger remains unidentified. H.H.U.'s Pause, meanwhile, has demonstrated that humans can sense alarm scents in anxious or fearful people's perspiration. Yet more studies with sweat have explored the strongest isolated candidate so far for a human pheromone, known as androstadienone, which derives from the male hormone testosterone. The presence of this compound has been reported to make women feel more relaxed. Wysocki and his colleagues are currently seeking National Institutes of Health grants to find out just what the "magic bullet&mdashor bullets&mdashare in male body odor" that elicit female responses, he says. They also hope to study whether female odors can similarly influence male mood and hormonal activity.

The nose knows
Although the nitty-gritty of their dispersal remains obscure, pheromonal detection mechanisms are becoming clearer. Scientists have long thought that a specialized structure in animals' noses, called a vomeronasal organ (VNO), detects pheromones. The problem with that theory when applied to humans, however, is that the tiny VNO duct behind each of our nostrils is not always present, plus the genes for its receptors seem to be inoperative. But as it turns out, regular mammalian nasal tissue seems to be able to pick up pheromones just fine&mdashat least in some animals. For example, sows, upon smelling a pheromone in boars' saliva, assume a mating stance, even if researchers plug the pigs' VNOs. In humans, a 2011 study showed that when volunteers were exposed to androstadienone, all their brains showed a reaction, even if they lacked VNOs or had their VNOs blocked. "The VNO need not be the pheromone-sensing organ," Wysocki says. "The olfactory system can be the input."

Other work suggests that less familiar inputs might exist for a human pheromonal network. Investigations continue into a possible pheromone nerve, known as cranial nerve 0, or the terminal nerve. [For more about the terminal nerve, read "Sex and the Secret Nerve," by Douglas Fields, in Scientific American MIND, February/March 2007.] Initially discovered in sharks in 1878 and humans in 1913, this pair of nerves runs from the nose directly into the brain in front of cranial nerve 1, the olfactory nerve (the traditional first of a dozen recognized cranial nerves). Animal research points to important sexual, pheromonal roles for the terminal nerve. Hamsters with severed terminal nerves fail to mate, and when male zebra fish get an electrical zap to theirs, the fish ejaculate. In humans, just what part the terminal nerve might have for adults remains sketchy, Wysocki says. It does have one clear purpose, however: During fetal development, the terminal nerve works as a pathway for certain sex hormones to migrate into the brain crucial for later development during puberty.

Whether or not pheromones initially affect sexual attraction, other research has indicated that humans might be using a different set of subtle smell cues to help select our mates. Variation in the major histocompatibility complex (MHC), an important set of immune system genes, imbues each of us with a unique "odorprint," like a fingerprint. "With the exception of identical twins, no two individuals are likely to have the same odorprint," Wysocki says. In nature, the sexual union of unlike MHCs yields offspring with more diverse and thus more robust immune systems. Instinct may also guide us in this manner: Previous research has revealed that human females preferred the musk of sweaty T-shirts worn by men with suitably different MHC genes.

Because scores, if not hundreds, of unidentified odorants comprise an odorprint, Oxford's Wyatt has argued that it cannot be considered a pheromone in the classic sense. Evidently, the complex cloud of aromas we emit needs a lot more parsing before science closes the book on pheromones. The olfactory cues of many insects remain better understood than our possible covert realm of social and sexual chemistry. "The real problem," Wyatt says, "is simply a lack of knowledge so far as humans are concerned." Wysocki agrees: "There's no good literature in the biomedical field to support that sexual-attractant pheromones exist," he says. "But that is not to say they aren't out there. I think we have to go in with an open mind.

Until more is known, then, those on Valentine's Day dates should probably just follow their noses.

Do you read Científico americano to stay informed on scientific research and discoveries? If yes, then please nominate us for a Shorty Award in Science: Vote Here.


Homosexuality May Start in the Womb

From a strictly Darwinian viewpoint, homosexuality shouldn't still be around. It isn't the best way to pass along one's genes, and to complicate the picture further, no "gay genes" have even been identified. According to a newly released hypothesis, the explanation may not lie in DNA itself. Instead, as an embryo develops, sex-related genes are turned on and off in response to fluctuating levels of hormones in the womb, produced by both mother and child. This tug of war benefits the unborn child, keeping male or female development on a steady course even amid spikes in hormones. But if these so-called epigenetic changes persist once the child is born and has children of its own, some of those offspring may be homosexual, the study proposes.

Evolutionary geneticist William Rice of the University of California, Santa Barbara, felt there had to be a reason why homosexuality didn't just fade away down the generations. Research estimates that about 8% of the population is gay, and homosexuality is known to run in families. If one of a set of identical twins is gay, there's a 20% probability that the other will be, too.

Furthermore, Rice notes, "homosexuality isn't just a human thing." Among California gulls, which he watches from his office window, about 14% of pairs are female-female. In Australian black swans, some 6% of pairs are male-male, and 8% of male sheep are attracted exclusively to male partners.

But many genetic screens have failed to turn up genes that are responsible for sexual orientation. So to find out what makes homosexuality persist, Rice and colleagues began a comprehensive survey of the literature.

According to conventional wisdom, an embryo becomes a boy when a gene on the Y chromosome triggers the development of testes, which then begin to produce male sex hormones, including testosterone, at about the 8th week of gestation. With no Y chromosome and hence no testosterone, the embryo becomes a girl.

But testosterone doesn't explain everything, the researchers found. For one thing, female fetuses are exposed to small amounts of the hormone from their adrenal glands, the placenta, and the mother's endocrine system. At many key points of gestation, male and female fetuses are often exposed to similar amounts of testosterone. Levels of the hormone can even be higher than normal in females and lower than normal in males without any effect on genital or brain structure.

Rice and his co-workers were more intrigued by studies showing that male and female fetuses respond differently to the hormones that surround them, even when one hormone is temporarily higher. In their study, published online today in The Quarterly Review of Biology, the authors propose that differences in sensitivity to sex hormones result from "epigenetic" changes. These are changes that affect not the structure of a gene but when, if, and how much of it is activated—by chemically altering a gene's promoter region or "on" switch, for example. Epigenetic changes at key points in the pathway through which testosterone exerts its effects on the fetus could blunt or enhance the hormone's activity as needed, the authors suggest.

Although epigenetic changes are usually temporary, they involve alterations in the proteins that bind together the long strands of DNA. Thus, they can sometimes be handed down to offspring. According to the hypothesis, homosexuality may be a carry-over from one's parents' own prenatal resistance to the hormones of the opposite sex. The "epi-marks" that adjusted parental genes to resist excess testosterone, for example, may alter gene activation in areas of the child's brain involved in sexual attraction and preference. "These epigenetic changes protect mom and dad during their own early development," Rice says. The initial benefit to the parents may explain why the trait of homosexuality persists throughout evolution, he says.

"The authors have done a terrific job providing a mechanism for genetic variation, especially a variation that might not be expected to persist because it's so tightly bound to reproduction," says evolutionary biologist Marlene Zuk of the University of Minnesota, Twin Cities. But she adds that to go from changes in gene expression to why someone is attracted to a person of the same sex is a question for which science may never fill in all the blanks.


How does sex affect your brain?

Having sex can flavor our nights, and days, with sweet pleasure and excitement, relieving stress and worry. And, of course, sex has been key to ensuring that the human race lives on. In this article, we ask, “How does sex impact what happens in the brain?”

Share on Pinterest Sex influences our brain activity in ways that may impact our emotions, sensitivity to pain, and even sleep.

Sexual intercourse is known to impact the way in which the rest of our body functions.

Recent studies have shown that it can have an effect on how much we eat, and how well the heart functions.

As we have reported on Noticias médicas hoy, sex has been cited as an effective method of burning calories, with scientists noting that appetite is reduced in the aftermath.

Also, a study published in the Journal of Health and Social Behavior in 2016 found that women who have satisfying sex later in life might be better protected against the risk of high blood pressure.

Many of the effects of sex on the body are actually tied to the way in which this pastime influences brain activity and the release of hormones in the central nervous system.

Here, we explain what happens in the brain when we are sexually stimulated, and we look at how this activity can lead to changes in mood, metabolism, and the perception of pain.

For both men and women, sexual stimulation and satisfaction have been demonstrated to increase the activity of brain networks related to pain and emotional states, as well as to the reward system.

This led some researchers to liken sex to other stimulants from which we expect an instant “high,” such as drugs and alcohol.

The brain and penile stimulation

A 2005 study by researchers at the University Medical Center Groningen in the Netherlands used positron emission tomography scans to monitor the cerebral blood flow of male participants while their genitals were being stimulated by their female partners.

The scans demonstrated that stimulating the erect penis increased blood flow in the posterior insula and the secondary somatosensory cortex in the right hemisphere of the brain, while decreasing it in the right amygdala.

The insula is a part of the brain that has been tied to processing emotions, as well as to sensations of pain and warmth. Similarly, the secondary somatosensory cortex is thought to play an important role in encoding sensations of pain.

As for the amygdala, it is known to be involved in the regulation of emotions, and dysregulations of its activity have been tied to the development of anxiety disorders.

An older study from the same university — which focused on brain regions that were activated at the time of ejaculation — found that there was an increase in blood flow to the cerebellum, which also plays a key role in the processing of emotions.

The researchers liken the activation of the cerebellum during ejaculation to the pleasure rush caused by other activities that stimulate the brain’s reward system.

“ Our results correspond with reports of cerebellar activation during heroin rush, sexual arousal, listening to pleasurable music, and monetary reward.”

The brain and the female orgasm

In a study of the female orgasm that was conducted last year, scientists from Rutgers University in Newark, NJ, monitored the brain activity of 10 female participants as they achieved the peak of their pleasure — either by self-stimulation or by being stimulated by their partners.

The regions that were “significantly activated” during orgasm, the team found, included part of the prefrontal cortex, the orbitofrontal cortex, the insula, the cingulate gyrus, and the cerebellum.

These brain regions are variously involved in the processing of emotions and sensations of pain, as well as in the regulation of some metabolic processes and decision-making.

Another study previously covered on MNT suggested that the rhythmic and pleasurable stimulation associated with orgasm puts the brain in a trance-like state. Study author Adam Safron compares the effect of female orgasms on the brain to that induced by dancing or listening to music.

“Music and dance may be the only things that come close to sexual interaction in their power to entrain neural rhythms and produce sensory absorption and trance,” he writes.


Antidepressants Don’t Just Change Your Sex Drive, They Can Affect Your Feelings Of Love Toward Your Mate

Two common types of antidepressant medications, selective serotonin reuptake inhibitors and tricyclics, were found to have negative effects on users’ love lives. In a recent study, participants actively taking the drugs reported not only decreased sexual desires but also fewer feelings of a personal connection with their partners.

The two popular antidepressant drugs were found to have gender-specific effects on users, according to the study conducted by researchers from the University of California, San Diego. LiveScience reported that selective serotonin reuptake inhibitors, also known as SSRIs, largely affected feelings of love in male users, while females were left less affected. On the other hand, tricyclic antidepressants seemed to influence female users’ feelings of love greater than they did those of male users. These findings are shocking because for those suffering from depression a medication that depletes one's feelings of love would do more harm than good. Thankfully, according to study author Dr. Hagop S. Akiskal, “The good news is that there are a variety of agents for treating depression."

In the study, the researchers asked participants on both medications to complete a questionnaire addressing whether or not their feelings of love toward their partners had at all changed since their course began. A total of 192 depression patients were involved in the study: 123 women, 69 men, and 13 homosexual individuals. Akiskal described the volunteers as being “smitten by love.” Each participant was in a loving relationship for a duration ranging from seven months to 26 years long.

Results showed that patients taking SSRIs were more likely to report a loss of closeness with their partner. These patients also reported to be less wishful that their relationships “would last forever” when compared to patients taking the tricyclic. Men prescribed SSRIs were also found to be particularly less inclined to ask for help or advice, or take care of their partners, according to LiveScience. In the study, tricyclics were also found to have significant effects on users. Women prescribed the medication often complained of “disturbances in their sex life,” a side effect that was far less reported by the male users.

The study adds further evidence to the long-known association between antidepressant medication and loss of sex drive and/or romantic feelings. PsychCentral reported that between 30 percent and 70 percent who take antidepressants experience sexual problems from as early as the first week following treatment. These problems are usually physical, such as erectile dysfunction in men, vaginal dryness in women, and limited ability to achieve an orgasm in both genders.

However, feelings of love or less closeness with your partners are particularly dangerous to individuals with this disorder and under no circumstances should these feelings be ignored. "Certainly, a physician should always inquire whether there is any impairment in the love life during depressive illness, because the loss of sexual desire and sexual feelings are common manifestations of depressive illness itself,” Akiskal said.

Source: Akiskal HS, Marazziti D, Udo M, et al. Dimorphic changes of some features of loving relationships during long-term use of antidepressants in depressed outpatients. Revista de trastornos afectivos. 2014.


Ver el vídeo: Εμμηνόπαυση και ορμονική υποκατάσταση. Ε. Κούστα (Noviembre 2022).